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martes, septiembre 04, 2012

Clichés (II)

ACTUALIZACIÓN: ES 2015 Y SIGO PENSANDO LO MISMO. EMPIEZO A ENTENDER LO QUE ES SER ADULTO: VER (LEER) EL PASADO Y SABER QUE NADA FUE MEJOR QUE AHORA.



Cada día, uso más esa palabra. Quizás, esa misma debería de ser la definición de ser adulto. Cliché. Porque todo lo que te cuentan: ES VERDAD. Pasa. Y lamentablemente, llega el día en que te das cuenta que te convertiste en uno.

Como todo cliché: tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Lo que me tiene mal, son las cosas malas, obvio.
No hay caso: te quedas sin tema con tus amigos: o están casados, o van a tener guagua o hablan de plata. Los pocos que (gracias al universo) aún quedan, todavía guardan esa pequeña capacidad de dar jugo, de hablar estupideces, cosas baladíes (amé término excluido sorry) en fin, todos los sinónimos de estar relajado y que no signifiquen que hablen eso a todo momento.

En esta época de la vida es que se me han juntado todo tipo de especímenes que siempre detesté; personas que no saben que cansan; personas que simplemente piensan en sí mismas. Pero a la vez, también me he convertido en una de ellas. En episodios, claro (aún tengo amigos).

Cuando te vuelves adulto olvidas cosas (había olvidado la clave de esto). Antes, JAMÁS, me hubiera pasado. Entiendes, que TODAS las personas, se venden (incluido uno mismo). Entiendes que la persona que no entiende lo anterior, es porque AÚN no conoce el MUNDO. Asumes tus contradicciones, y te ríes (en secreto) de las que todavía insisten en que NO CAMBIARÁN DE IDEA. Pero sí lo harán. Tienes ESTRÉS, y con ello te cambia el cerebro: de repente escribes mal (como ahora), no te acuerdas de teléfonos, no sabes qué ropa te pusiste, vuelves para ver si cerraste bien la puerta principal, ofreces que se queden con el vuelto para no demorarte más de esa PÉRDIDA DE TIEMPO QUE ES COMPRAR: NO TIENES TANTA PACIENCIA.
Le empiezas a encontrar razón a los que eran adultos cuando tú eras niño. Es como el video de Usa el protector solar (otro cliché).

Busqué que la palabra viene de clicher, que era algo así como una impresora que repetía y repetía lo mismo siempre. Entonces, creo que la Vida ya tiene otro sinónimo. Hay que buscarle un antónimo (que no sea Muerte, claro está). Si lo encuentran, me avisan.

lunes, julio 23, 2012

Confieso que tengo un amante

Y es extraño, porque finalmente recién me doy cuenta que está entorpeciendo mi vida. Porque está siempre presente y lo vivo perdonando. Sus deslealtades, su modo, su todo. Llevo con él.... cerca de 10 años? Mierda, había quedado con la idea de que eran sólo 6.
Bueno, qué puedo decirles: no puedo deshacerme de él, al menos por ahora. Pero tengo un plan: no sé aún bien los detalles pero hace poco lo he decidido. Tan pronto lo tenga definido, por fin lo dejo. Y dejaré atrás todos esos malos momentos. Pero cada vez que lo intento, comienzo a pensar si en realidad es culpa de él todo lo que me molesta. Con certeza sé que al menos él, alberga todo lo que me molesta en estos momentos. Y por eso Santiago dejó de ser mi amante hace rato. Ya no me vuela la cabeza. Las mariposas murieron.

jueves, junio 28, 2012

Clichés

Me pasa algo raro con esto. En realidad no sé si es raro, pero leo post antiguos, incluso el último que es sólo hace un año y no me reconozco. Siento que era otra persona la que estaba escribiendo ¿A todos les pasará lo mismo? ¿Apenas un año atrás, tanto puede cambiar?  Me quedé pegada pensando una idea luego de ver "The Adjustment Bureau" de George Nolfi, una película del 2011 en la que el guión se basó en un cuento de Philip K. Dick y más o menos (para no contar el final) es la historia de una pareja que no puede estar junta porque unos personajes pseudo irreales les dicen que ellos no pueden estar juntos porque afectan su propio y glorioso destino individual... La frase que me dejó dando vueltas, es cuando un personaje le dice al protagonista: "Es que si estás con ella, con sólo eso te bastará". 
Creo que en eso estaba correcto. Finalmente, como dice el dicho: hay que elegir las batallas. En este último tiempo, no sé si por la conciencia de que cada vez tengo menos tiempo, de que las personas cambian sus prioridades o simplemente ya no te interesa lo de antes es que comienzo a comprender lo que me decían mis papás, con pequeñas cosas. No voy a entrar a definirlas ni detallarlas, porque siento que si las explicara, la persona que no lo está viviendo no lo va a entender jamás (como a mi me pasó en su tiempo). 
Los clichés se cumplen. Hay uno, que tengo clarísimo y me basta. Pero hay otros, que no. 
Ayer conversaba con una mejor amiga, que tiene 7 años más que yo que pensaba más o menos lo mismo. Así que lo que nos pasa no es un problema de edad. Un amigo por FB, también opina que no es de género tampoco. Será de generación? Por mientras, seguimos pensando en la solución...

domingo, febrero 27, 2011

The ground beneath her feet

A un año del terremoto sólo puede decir que no lo viví ¿es importante que no lo haya hecho? Quizás para algunos sí, quizás para otros no. Lo que sí tengo es miedo. No siempre. Cuando uno ama a alguien creo que esa es la clave para darte cuenta que sí lo haces: no tener miedo y sentirte libre. Pero lo que me da miedo es lo que veo. En mi entorno. Concepción ya no era el de "antes" también antes del terremoto. Me explico. Concepción es lindo. Toda su gente, no lo sé. Después del terremoto, se acentuaron todas las cosas que realmente detesto: esa urgencia que da miedo. Ese arribismo que da miedo. Esa estupidez paranoica, que da miedo. Santiago en cambio, lo venía siendo hace rato. Sí: urgentes, arribistas, estúpidos y paranoicos. Agrego uno más: prejuiciosos.
No, no me creo Bayly, pero realmente ese tal Javier de su novela no sé si está tan equivocado. Le faltó describir un poco más a las mujeres. E incluso me atrevería decir, que esto no tiene nada que ver con ciudades ni menos con nacionalidades: el humano es tozudo. Y es malo con ganas cuando quiere. La reflexión de una madre y un padre que presenciaron ayer la condena de los culpables por la muerte de su hijo, me quedó dando vueltas: "vivir con amor, genera bondad".
¿Cómo haces entender a 6 mil millones de personas que esto, que suena cliché es lo más fácil y honesto que puedes hacer y sin embargo te empeñas en no hacerlo? Porque somos tontos e imperfectos. Y creemos que viviremos para siempre. Cuando no.
Ni siquiera hablo de religión, menos de política. Simplemente hablo de que es lo más práctico. Pero aún así no lo entendemos. Si eso no es ser tonto, entonces explíquenme lo que es.

jueves, febrero 17, 2011

Influenciadores

Así se llama el documental que un amigo me mostró y que habla sobre cómo estos - valga la redundancia- influencian, crean tendencias y por ende están en el ojo de las marcas a nivel mundial. Es muy corto. Tiene (muy) buena música. Y espero con ansias la continuación que prometen al final. Enjoy!

miércoles, diciembre 15, 2010

The kids are alright (¿y tú?)

Este comentario, está publicado en Absortos.cl


Si comienzo este comentario diciendo que “Mi familia” ha sido descrita como “comedia”, creo que pueden llegar con una idea equivocada a la butaca. Más certero sería describirla como un drama -siguiendo la definición en estricto rigor- con actuaciones novedosas. Esto último considerando que es raro ver a dos actrices del mainstream, como Julianne Moore y Annette Bening, interpretando a lesbianas y que sin música de por medio logra sacar sinceras carcajadas y quizás algún nudo de garganta por ahí sin apelar a sentimentalismos. Esta película logra combatir la falta de historias que evitan caer en lugares comunes y temas políticos y sociales en torno a la homosexualidad, para dejarnos simplemente conocer una historia de una familia como cualquier otra: aquí lo que menos importa, es que los pilares de ésta en particular sean un par de lesbianas.

Si bien, hay una influencia a partir de lo antes mencionado en el grupo familiar que han formado, se recrean los mismos arquetipos que solemos conocer como sociedad: un miembro de la pareja es "la proovedora" y la otra hace las veces de "la encargada del hogar", más dos hijos entrando a la etapa más difícil, la adolescencia. Es así como uno de ellos no pierde el tiempo en convencer a su hermana de buscar a quién, en parte, le deben la existencia en este mundo: el donante de esperma, que vendría siendo Mark Rufallo. Y ahí, con ese encuentro, es donde empieza el desbarajuste.
Esta interesante trama se apoya en un cuidado casting, donde no sólo destacan los famosos actores antes mencionados, sino que también aquellos que ya van camino a hacerse conocidos: Mia Wasikowska, la hija, mostró un sólido desempeño en la primera temporada de la serie “In treatment” de HBO y luego fue ungida por Tim Burton como su Alicia en su versión de “Alicia en el país de las maravillas”, mientras que Josh Hutsherson, su hermano, podría empezar a hacer noticia muy pronto.

Con ese elenco, “Mi familia” logra consolidar, con ritmo e insólitas escenas, una entretenida historia que no descuida el trasfondo del asunto y donde todo parece indicar que se trata de la propia vida ficcionada de la directora Lisa Cholodenko, responsable de un aclamado trabajo independiente en torno a la temática gay, siendo “High art” (1998) una buena exponente de esto en su filmografía.
Se echaba de menos ver en el cine –dejando de lado el éxito de la serie “The L World”- una historia que no asociara la homosexualidad a la tragedia, y que mostrara lo que ocurre en la vida sin luces ni cámaras, donde con suerte encontramos certezas y siempre tendremos aciertos, errores y posibles perdones en medio de momentos casi clichés -sí, a veces la vida es cliché, sólo que en las películas se exagera a veces-.
Mención aparte merece el humor agudo y algo irónico que, por ejemplo, desliza críticas a la mismísima comunidad lésbica y su terror a la falodependencia, a la crisis de los 40 que les toca a los hombres y a la, a veces paranoide, obsesión por la comida orgánica, entre otras secuencias memorables.

La película en sí no rompe esquemas, pero tampoco lo busca y ésa es la clave. Lo que sí logra -quizás a propósito, quizás no- es desprejuiciar una realidad para algunos vista desde lejos, con la cuota de morbo correspondiente, lo que ya es un logro importante, considerando que la producción alcanzó distribución mundial y no se quedará sólo en el circuito independiente.

Detrás, hay una larga cronología presente en Hollywood: si bien “Philadelphia” (1993), protagonizada por Tom Hanks y Denzel Washington, sentó un precedente “masivo” de cierta apertura por parte de la industria frente a temáticas que ya no podían obviar, siempre se notó esa ecuación matemática de homosexualidad = infelicidad. Lo mismo ocurriría más tarde con “Secreto en la montaña” (2005), ambas producciones de la mano de estudios independientes. Y aunque existen otras cintas que también tratan la temática, lo que hace reflexionar a raíz de este estreno es el hecho de que recién hasta estas alturas Hollywood se esté decidiendo a dejar de tapar el sol con un dedo. Mala decisión al parecer no ha sido: por algo “Mi familia” se llevó un Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín y en su primera semana de estreno en Estados Unidos recaudó considerables 2.6 millones de dólares. Todo indica que es candidata segura a ganar aunque sea un Oscar. Recomendadísima.

lunes, diciembre 13, 2010

"Vamos a ver si en un par de años más queda país"

"La Voz de los '80" tiene la misma edad mía. Creo que no tengo que decir que me refiero al disco de Los Prisioneros. Bueno, si Ud. visitante de este blog, proviene de las Europas o de más lejos, quizás. Para Latinoamérica, creo que ese disco es su himno entero. Jorge González jamás tuvo tanta claridad como en ese disco, hace ya 26 años. Y si es que hoy, con más canas, más peleas y menos diales por donde sonar, ya casi parecen tan lejanas como ajenas esas causas, hace dos noches, no podían ser menos ciertas. Aunque sólo en la idea.

Cuando se celebró el "histórico" festival El Abrazo, auspiciado por una cerveza nacional, en que bandas argentinas y chilenas compartirían en la fraternidad de la música, sólo se hizo patente una cosa: sólo luchamos con audífonos.

Dijeron que fueron más de 70 mil personas. Calculo que dentro de ellos, mayoría eran veinteañeros recientes. Aunque la edad no debería importar, quizás sirve de contexto para entender el por qué las palabras de González no avivaron al público a una ovación y más bien fue el impulso para despedirlo con tibios aplausos.

Porque de verdad, no me lo explico. O quizás sí. Hay mucha confusión. Vivimos tiempos contradictorios, en que uno puede gastar en bolsas reutilizables pero se pasa el día en un computador que deja una enorme huella de carbono. O critica a alguna moda o comportamiento y después termina haciendo eso mismo porque, bueno, nadie lo sabe muy bien de todos modos. La época hedonista, dicen.

Entonces, tampoco debería extrañarme que nadie vibre con las palabras de González. Él es todavía el único que se atreve a decir algo así. El problema es que (al parecer) a nadie ya le importa si lo hace o no. En un concierto al menos. Y se oyeron unas pifias. Las mismas que recuerdo sonaron cuando U2, por primera vez en suelo nacional, invitaba a las madres de detenidos desaparecidos a tener voz ante 80 mil personas y otros millones más a través de TVN. Muy pocos saben que no fue decisión del canal por buena onda el transmitir ese concierto, sino por expresa petición de la banda. Ellos querían que el mensaje dirigido a Pinochet se oyera en todo el país, que por esos días era miembro del Senado. Obviamente vitalicio, gracias a su enmienda.

Aunque suena a comparación, me enredo en explicar, que finalmente la gente termina de oír lo que quiere oír. No creo que González le caiga bien Bono. Pero estoy segura que no se pelearía un puesto por estar al lado de él, cuando muchos sí lo hicieron en su segunda vez en Chile, no sin antes haberlo criticado y obviamente, haber reclamado por el precio de las entradas, que ya sabemos, quién saca la tajada más grande (si no lo sabe, lo invito a averiguar). Pero a la hora de apretar el click de la foto, no dudaron en hacer borrón y cuenta nueva y todos bien sonrientes. Menos Bono. Él sabe. Conoce a varios hipócritas. Incluído él mismo, como así lo ha dicho.

Eso no se hace cabros. Y eso es justamente lo que escribió González y lo que titula una famosa canción. Y eso es lo que veo que ocurre. Nunca quedamos mal con nadie. Muchos aplaudiendo a Calamaro, pero cuando aparece el Che, el ceño fruncido aparece. "La misma lata no" oí alegar cerca mío. Todos divirtiéndose con los Chancho en Piedra, pero aparecen los Quilapayún y todos pidiendo el siguiente.

Cero respeto con alguien que podrá ser pesado y lo que quieran, pero que en aquella época se atrevió a cantar sin pelos en la lengua lo que pasaba. Eso es jugarse el pellejo, pienses de la manera política que pienses. Ahora, si González se quedó pegado, allá él. Hay que mirar el futuro, sabiendo en qué lo construimos. Y él se gano mi respeto por sus letras. Canta al límite de su voz, cierto, pero tener a masas coreando tus canciones en una época difícil, esa te la encargo. Y estoy segura, no lo hace cualquiera ahora, en que más que las letras, les preocupa a cuánta gente influyente conocen para poder ponerse de moda. Lo triste, es que ojalá le diera el palo al gato ahora. Sin tener que recordar por siempre a los clásicos. Pero ese es otro cuento. Y quizás la justificación de las pifias. El relativismo dicen.

Un gran concierto con el que quedé pensando qué motivará hoy nuestras acciones. Y las de los demás. Convicciones quise decir.

y gracias a León Gieco por esto...

miércoles, diciembre 08, 2010

carne de gallina doble

Viene U2 a Chile por tercera vez y me entero dos días después de ver It Might Get Loud. De manera oficial claro, porque siendo más busquillas y más especuladores, lo sabíamos desde hace meses. Por eso, al ver las imagenes de los conciertos de la última gira en cine, como parte de este documental, la emoción fue más grande y el recuerdo más claro: el cd de Achtung Baby recién salido el 91 y sonando en el (gigante) equipo de mi casa en Conce. Eso fue ver la luz. Ya la había visto con los clásicos, pero en esos momentos, U2 aún no lo era. Quién iba a pensar que sucedería.

Tal como lo deben haber pensado Jimmy Page (guitarrista de Led Zepellin) y Jack White (lo mismo pero en White Stripes) en sus cándidos años donde la guitarra parecía ser algo como un hobby y más fácil que comer pan. Para ellos.

Wow, en una sala llenísima, y con mucho retraso que olvidamos al segundo, luego del comienzo de It Might Get Loud, el documental de Davis Guggenheim (el mismo de Una Verdad Incómoda y Party Of Five, ja) que quizás, en algunas secuencias no es en estricto rigor un documental, más bien, es un docu ficcionado, pero muy bien montado, considerando que puedes no conocer a ninguno (aunque lo dudo, pero bueno) y también pueden no matarte ni su música ni menos sus grupos. Pero todo eso no importa, pues la dirección apunta más a destacar las motivaciones de cada uno por saber cómo terminaron siendo lo que son, entremezclando imágenes del pasado que dan nervios de sólo pensar qué hubiera pasado si el destino se hubiera equivocado con ellos.

Una gran elección inaugurar con este documental la séptima versión de este festival, que ya está consolidado con un público que espera fiel saber algo más allá de la música que se oye.

Este jueves lo darán de nuevo en la Sala del Cine UC, a las 22:00 hrs.

No pierda la oportunidad de emocionarse. De verdad.




miércoles, noviembre 24, 2010

Re (de) formar la educación

He escuchado que el actual gobierno pretende implementar una reforma educacional, en que se aumentarán las horas de Matemáticas y Lenguaje y por consiguiente, se reducirán las de Historia, Ciencias Sociales y Tecnología.

Pues bien, como no todos pueden adivinar lo que pienso, me remontaré hacia algunos años atrás.

10 más bien. Cuando nunca me gustaron las matemáticas. Y yo cursaba "Castellano" y no "Lenguaje." Obviamente, no tenía "Tecnología", sino "Computación" y con suerte en Enseñanza Media y con Work - sí, con K-. Lo que sí siempre tuve fue Historia. Y en Humanista, todas las ramas de la historia y más. Y en esos momentos, ya instalaba mi crítica sobre por qué los del área de Científicos no tenían historia.

No sabían lo que se perdían. Siempre fui feliz en el colegio. Lo pasaba bien y me iba bastante bien también. Me gusta saber, desde chica, pues siento que hasta físicamente, mi cerebro trabaja. Ahora, también tenía amigos que odiaban estudiar. Y en gran parte era por la nula pedagogía de algunos profesores. Ahí siempre ha estado el problema. No todos podemos ser buenos alumnos en gran parte por eso.

Y es que hay que tener el don. Y yo tuve muchas clases con gente que sí lo tenía. Como también tuve con los que no. Sin embargo, en particular recuerdo un profesor con un don extraordinario y oh sorpresa, era de Matemáticas: el don era demasiado porque su vida era enseñar de todas las formas más didácticas posibles. Con él aprendí a completar un álbum de Origami - y que de paso te daba puntos extras para las pruebas de raíces y esas cosas-. Ahora lo recuerdo con cariño, pero cuando estudiaba, pensaba el cómo pasaba tan lento el año para terminar el ramo. Y aunque nunca me eximí de dar los exámenes finales en Matemática (quizás una vez sí) lo mío no era por no estudiar: simplemente no tenía la habilidad numérica, digámoslo. De hecho, sorpresa fue cuando pasando una materia, en que era matemática más "humanista" - eso del recorrido, nominado, ya no me acuerdo qué era exactamente- me iba excelente y al resto -de científicos- les iba pésimo. Simple: mi hemisferio del lenguaje podía más y zan se acabó. En ese momento me daba rabia, pues era el ramo que me "bajaba el promedio" pero ahora lo entiendo: cada uno tiene distintas capacidades y si no aprendemos de todas las materias posibles ¿cómo vamos a saber en qué tenemos habilidades?

Ironías de la vida que en la PAA me fuera mejor en Matemáticas que en Verbal - mi favorito y al que le tenía más fe- al igual que en Historia, mi mejor puntaje.
Aunque si en realidad uno se fija en la utilidad de lo que mide la PAA -hoy PSU- estaría hasta las tantas escribiendo. Quizás en otro post.


El proyecto de reforma, por lo tanto de por sí me parecería un error si se implementa, pues es una visión demasiado antigua en los tiempos que vivimos, en que es tal la cantidad de estímulos para los niños y jóvenes, que no puedes pretender convertirlos en caballos de carrera y que vayan sólo por dos sendas: números o letras. El cambio debe ir tanto para los profesores como para ellos - y no sólo hablo de sueldos- Hablo de más incentivos dentro de la misma carrera de Pedagogía - y para quienes quieran estudiarla-.

Pensar en darle sólo prioridad a dos materias por sobre otras es quizás, la mente de ese profesor que tuve de matemáticas, que ponía una "H" al lado de cada alumnos, distinguiendo quién era Humanista para "evaluarlos distinto". El mismo que una vez me llamó al pizarrón por estar conversando, para ir a resolver un problema, el cual lo hice en un cerrar de ojos, valga mi cachiporreo, provocando la risa nerviosa de a quién le salió "el tiro por la culata". Y es que eso era justo lo que quería: poner en evidencia que mi capacidad por aprender y saber lo enseñado no se basaba en si estaba sentada, quieta y con la vista al frente del pizarrón como todos creen es el modelo de "atención" y de "ser un buen alumno". En esos tiempos ya no lo era. En los actuales, créanme, hasta yo me sorprendo lo que son capaces de crear algunos niños y jóvenes. Basta fijarse bien y sobre todo buscar esas iniciativas que muchas organizaciones potencian: concursos, proyectos para niños y jóvenes.

Si los pillaran como a veces los encuentro yo se sorprenderían. Y sorprenderse con algo actualmente es como encontrar oro.

jueves, noviembre 18, 2010

en insistir no hay engaño


Pero hoy se estrena en el Cine Arte Alameda Anvil The Story of Anvil. Y créanme: no necesitan que les guste el metal para salir del cine más feliz que nadie.


Aquí lo que escribí, cuando me sentí así


Cartelera del cine del Centro Arte Alameda

viernes, noviembre 05, 2010

Gracias Bielsa

Por no salvarte

jueves, octubre 21, 2010

Qué pena las (y nuestras) vidas

Hoy en la mañana, el grupo Transandino se subió a la micro. Ellos tocan música de Illapu y Los Jaivas, y me encantan. Tocan lindo, tienen buenas voces y suben amplificadores y zampoñas además de las guitarras. Esta vez tocaron una extra: "Largo Tour" de Sol y Lluvia. No recuerdo la primera vez que la escuché, pero sí cuando me hizo sentido: era el 2002 y vivía sola en Providencia, lejos de Concepción.

Puedo decir que prácticamente conozco todo Concepción: los barrios altos y bajos en palabras más concretas. No puedo decir lo mismo de Santiago. Quizás para algunos eso es una ventaja, pienso que más bien es un problema. Y difícil de solucionar. Llevo 8 años acá y no he tenido la necesidad de conocer varias comunas simplememente porque no viven mis amigos allí o no necesito ir. Claramente he pasado por sus calles y alguna vez me tocó reportear por ahí, pero eso para mí no vale como "conocer". Creo que es un problema, sí.

Porque pienso que uno debe conocer la ciudad en que vive. Lo extraño es que les pregunto a los santiaguinos que conozco y me dicen muy sueltos: no, no conozco todo Santiago. A muy pocos les produce incomodidad admitirlo. Una amiga me contó alguna vez que en su trabajo fueron a tal comuna (supuestamente de más bajos recursos y mala fama) y cuando volvieron a su propia comuna (de más recursos, claro) su amiga le dijo: "Por fin estamos en nuestros barrios, me siento tranquila". Mi amiga sólo atinó a callar y contarlo como una de las estupideces más grandes que haya escuchado alguna vez. Estuve de acuerdo. Aún así, a mi amiga la han tratado de cuica, sólo por vivir en tal comuna. El prejuicio en su estado puro.

Y entonces salto olímpicamente de tema: hay un mini revuelillo por el estreno de una película chilena, Qué Pena Tu Vida, porque un crítico de cine dice que promueve la discriminación.

Debo decir que me reí de la escena en discusión (que no contaré), pero no por lo que dijo, si no por recordar toda esa gente con cierto grado de desubicación extrema que se ha cruzado en mi camino y que es así. Todos conocemos a alguien así. Creo que está muy bien que esa escena esté ahí, no sólo para que te incomode y te rías (de nervioso, vergüenza o resignación), si no para hacer patente que esa gente no va a desaparecer porque no la muestres. Por lo que, me parece ridículo creer que alguien puede enojarse por eso: la discriminación que tanto les espanta ocurre no sólo en las salas de cine, darlings. Y lo saben. Y por eso se deberían espantar.

lunes, octubre 18, 2010

sobre los mineros (ahora sí)

Del anterior post, sólo el final aludía a los "estamos bien, en el refugio, los 33". No es mucho lo que quiero decir, sólo que me dio un poco de penalástima ver a los rostros reporteando: se les notaba que no había oficio hace mucho. Se salvó, en mi sesgada opinión, Iván Nuñez, periodista de CHV.

Sesgada e injusta la verdad, porque no vi mucho de los mineros, por no decir nada. No veo tele. A lo más 5 minutos, no alcanzo a entender nada así que me aburro. Pero vi cuando los rescataron. Cuando supieron que estaban vivos, iba en un bus y lloré riéndome. Es la mejor combinación.

Cuando los rescataron, sólo Manuel González, el rescatista que entró primero y fue el último en salir, me hizo tiritar la pera. Si yo estaba cansada del poco rato que venía viendo, no imagino cómo los demás estaban de pie. Esas lágrimas fueron catarsis pura. Fue una emoción extraña. Cómo reaccionar para algo que nunca pensamos estar preparados. Creo que muchos lloraron también porque por fin algo (bueno) nos sorprendía. La capacidad de asombro es lo que más se extraña en este tiempo.

Hace bien llorar. Pero eso que acabo de decir, es consecuencia de mucho tiempo de aguantar. Y que saben de aguantar los chilenos, saben. Aún veo filas para el Transantiago. Hoy las rejas no los obligan: son espontáneas. Se distinguen caras de confusión pura: entrecejo fruncido, ojeras más negras que nunca: un poco de calor, un poco de cansancio, un poco de todo. Iguales que las caras de los transeúntes que caminan por Prat, en Conce, y ven el edifcio Alto Río intacto, tal cual el 27 de febrero lo derrumbó.

Me equivoco. Sabemos que el terremoto no fue el culpable de que se desplomara. Pero vivimos con ello. Todos. ¿Seguimos a la vida o ella sigue sola?

De mineros, periodismo y cosas (para mi) importantes

"Necesito escribir algo después de esto". Después de haber leído el discurso de Nibaldo Mosciatti cuando recibió el premio embotelladora Andina fue lo primero que pensé. Este era el contexto: estaba sola, en mi oficina, luego de haber almorzado una ensalada y meterme a twitter a ver qué pasaba. Me encontré con un link que decía algo sobre el "provocador" discurso. Y salía el nombre de este periodista. Aunque parece nimio que lo detalle, es parte importante de mi reflexión.

Con leer ese nombre, ya sabía que amable y condescendiente no debía ser lo que me aprontaba a leer. Y no estaba equivocada. Desde que tengo uso de razón, que mis papás hablaban de este periodista y su hermano por sus análisis de la política y lo que pasaba en la sociedad chilena, específicamente en la política. Cuando más grande, después, en el Canal 9 (canal regional de Concepción), esperando que dieran Tv Club, no le hacía el quite al programa de su hermano, en que entrevistaban sin temer a un político de turno. Y no hablo de temor hacia el entrevistado: el temor es así mismo por lograr hacer LA pregunta que los haga olvidar el discurso prehecho que no dice nada (y que probablemente haya sido confeccionado por un periodista que trabaja para él). Y ahí está el punto. El dedo en la llaga para algunos. Y me remontó al 2006.

Cuando me titulé de periodista, en la UC, creo que me prometí a mí misma JAMÁS trabajar para un político. Hasta el momento, lo he logrado. Luego de haberme tocado reportear como cualquier "periodista de la tele, radio o prensa" en temas políticos, me tocó ver muchas cosas. Pero lo más desilusionante fue ver, primero, a esos periodistas que uno creía imparciales, que no lo eran. Mi mente positiva pensó: "Mmm quizás era para ganar confianza". Creo que me contesté sola después. Lo segundo: los asesores periodísticos: ese poder o el que creían tener, que se les salía por los poros y te hacían mirarte en menos (aún más cuando decías que eras estudiante) muchas veces me hizo quedarme callada. Una vez recuerdo que no. Con orgullo y un poco de ego siempre repito la historia: yo me enfrenté con Piñera. Cuando no era Presidente y estaba en su segunda casa: Fundación Futuro. En realidad, exagero, mi enfrentamiento, no fue más que corrección hacia él y lo que entendía por "off the record" y lo que es hacer una nota sin tener archivos de apoyo (era para taller de tele con cámaras caseras, imagínenlo).

En resumidas, como yo lo grababa mientras él hablaba de oh, cosas prohibidas que la gente no debía saber supuestamente, se enojó conmigo y de paso, los dejó sin cuña a toda una manga de periodistas que ya lo habían esperado por 1 hora. Esa fue mi tercera desilusión: sólo tres periodistas dijeron: "ella tenía razón". Los demás sólo miraron: algunos con cara de poker, otros con cara de qué se cree ésta niñita que no sabe cómo funciona el mundo allá fuera de la universidad.

Tenían razón, no tenía mucha idea, de cuántas cosas vería después. Yo que procuraba que todo fuera muy verificado, y contrastado con varias fuentes, me encontré con muchos: "no importa", "da lo mismo" y constantes "no te preocupes por esos detalles, entrega luego".

Me acordaba de aquellos tiempos universitarios, en esas ganas que me dieron de investigar más allá cuando con una compañera hicimos un trabajo de investigación del caso del sauna gay y un famoso juez y hablamos con Mirko Macari, Julio César Rodríguez y Alejandra Matus, miembros del ex semanario Plan B. Hablando con ellos, no podían no darme ganas de seguir investigando, por más que haya recibido de alguno de ellos, el típico comentario "es que tú eres de la PUC". Al sujeto, se le olvidó al ratito después, cuando vio como ambas preguntábamos sin espanto por todo.

Y todos esos recuerdos en que sobraban las ganas de reportear, creyendo que uno encontraría la verdad, se me vinieron a la mente al leer el, hoy famoso, discurso. Quizás fueron los (no) agradecimientos a su universidad (la misma en que estudié yo) o el recordar que todo periodista debe ubicarse desde la ignorancia (muy pocos que todavía están allí y otros que lo olvidaron para tener más palmadas en la espalda y/o seguidores en twitterfacebookwadever). Sentencias que me hicieron eco, recordando lo mejor/peor de ser periodista: nunca tener certezas.

Y no puedo si no celebrar el discurso. El derecho a la libertad de expresión, que todos muchas veces no ejercemos para evitar conflictos, él lo cobró con un buen sermón. Tengo algunas dudas por si todos los periodistas de esa radio piensan igual (sabiendo que el trabajo en ese medio es un apostolado)... Pero sobre todo me recuerda que muchos por ganar premios, son capaces de callar lo mismo (incluso postulan?? y no esperan a que al menos alguien además de ellos los nominen). No voy a negar que me han premiado y que ha sido linda la sensación. Pero siempre he pensado en que los premios son injustos y que hay una cuota de incomodidad en ellos. No sé si a otros les pasará lo mismo. Cuando los he obtenido, así me he sentido al menos.

El discurso me hizo echar andar la memoria hacia atrás, y eso a veces no es muy bueno: te agrega cosas para pensar, más de las que uno tienen que pensar a diario. Pienso en cómo admiraba algunos periodistas e incluso a los medios y que, coincidencia o no, dejaron de parecerme admirables cuando ya estaba dentro de la máquina. Y pienso que me tocó un tiempo pusilánime (¿o somos un poco todos así?): todos creemos que estamos haciendo algo con informar por twitter o cualquier plataforma, incluso esta misma.

Mi mayor objetivo al escribir esto es más bien un desahogo. No voy a negar que me fijo si leen o no lo que escribo aquí. Aunque sé que llegan varios visitantes, por alguna razón no quieren decir nada en los comentarios: y eso es lo que más respeto: el libre albedrío de decidir qué y qué no hacer. Nada qué hacer ¿O mucho? Se me viene esa conversación con Willy Rivera, sobre que no podía seguir escribiendo de forma anónima. Lindo Willy, sé que estás presente, estés donde estés...

Quizás somos unos pocos, que nos acostumbramos a estar bien cómodos y sin pensar mucho. Mejor dicho: pensando en la propia vida. Porque por motivos muy personales, hubo un momento en que dejé de pensar en metas y sólo me dediqué a disfrutar lo que realmente me parecía valioso: los que quería. Los que quiero. Aún me parece valioso esto. Y creo - y esa es la esperanza que tengo- que es esa misma nostalgiaesperanza la que refleja el discurso de Nibaldo. En el último párrafo deja escapar lo que todos parecieran ocultar como la peor vergüenza: el real deseo de todos (los periodistas incluidos) de poder dejar de pensar en qué podemos hacer y sólo dejarnos llevar por el querer. Al parecer, este periodista, que de herencia recibió un medio, que tuvo que ganarse, también tiene esas dos luchas, constantemente: velar por el deber y por el querer (¿ser libre de ello?). Para mí significó un bálsamo apreciar que no era la única persona que se debate entre estos dos cometidos. Pero sólo me alivia momentáneamente. Pues él tiene la Bío-Bío. Yo sólo tengo este humilde blog y personal más encima. Pero esbocé una sonrisa.

Hay luz al final del túnel. Si los mineros la vieron, yo también.

sábado, mayo 22, 2010

Conce post terremoto

Después de casi dos meses, volví a Conce. Obviamente, este no era el que dejé aquel 22 de febrero. Pero luego de seis horas y media (una hora y media más de viaje) pude por fin ver con ojos de penquista lo que tanto se comentó durante este tiempo. Porque claro. No es lo mismo.

Y no los culpo. Nadie reparó en detalles que sólo a un penquista les pueden importar. Porque claro, vivir en Chile en región, es como vivir literalmente en el fin del mundo, donde a unos pocos turistas y a la misma gente del lugar le importa. Santiago en cambio vive como si creyera que al mundo sí le importamos. Para qué decir que es algo ilusamente ridículo. Nosotros le importamos lo mismo que nos importa ver en las noticias la nanogésima explosión en el Medio Oriente.
Y eso no es malo. Más allá de todo, la verdad, lo que importa es conocerse a sí mismo y que luego te conozcan los demás. Craso error que aún no supera Chile. Pues ni siquiera nos conocemos.

¿Alguien podía decir la ubicación exacta antes del terremoto de Duao, Isla Mocha o Bahía de San Vicente?

No muchos... Pero son datos cuantitativos. Importantes, pero no trascendentales, como saber si mi vecino se iba a volver loco e iría a saquear supermercados o que las personas en las que confiábamos iban a avisar a tiempo de un desastre como el maremoto. Son datos que me hubiera gustado saber.

Lo que vi en mi corto viaje fue lo que esperaba. Una ciudad que nunca se caracterizó por una bonita urbanidad y una nula conservación del patrimonio arquitectónico, de las cuales muchas sucumbieron y hoy sólo quedan los espacios llanos, sin paredes. Sin cuerpo, sin vida. Las personas, pasean, ya con la esperable naturalidad que dan los días a un paisaje como éste. De esto, la excepción es lo que queda del edificio Alto Río: ahí está, con la grandiosidad que da la vista en vivo y la incredulidad de que personas que vivían ahí, cayeron junto con él, y hoy se encuentran por ahí, perdidas, recluidas. Pero vivas.

Cercados y con dos carabineros de punto fijo permanece recibiendo a cada minuto a algunas personas que quieren ver para creer. Como yo. Algunas con cámara en mano. Algunos riéndo nerviosos. Otros en silencio. Contemplando lo espectacular del caos. La tragedia, que atrae a todos. Y que lo negamos de vez en cuando. Porque a muchos este terremoto los benefició. No hablo de las grandes tiendas de material de reconstrucción (que sin duda, deben ser los más felices). Hablo de esas personas que se alimentan de las vidas de otros. En el diálogo, en la compañía. Por muy pocas veces en Chile, la gente se reúne por algún motivo. El Mundial será una ocasión, pronto. Porque casi nunca hay motivos. Porque ya quedan pocos espacios públicos.
Hay algo de positivo en esto. Lo veo en las caras de los penquistas. Son más conocidos, y tienen la esperanza de que ésta vez si los escucharán. Al menos antes de que acabe este año.

Pues después será tarde. Sólo quedarán los diarios de testigos. Y a quienes los marcó para siempre aquella noche del 27 de febrero. Para mal.